miércoles, 4 de agosto de 2010

La ciudad se acelera, la gente también todos actúan por inercia sin pensar lo que hacen. Por momentos cometo ese error, pero luego me doy cuenta que debo pensar lo que hago antes de cometer algún error. Camino y la gente corriendo pasa a mi lado y yo camino lentamente pensando en cada acción que cometo.
La luces me enceguecen y los ruidos no me dejan oir mis pensamientos, la cuidad me entorpece y poco a poco voy perdiendo la cordura y el andar. Me tropiezo y la gente me pasa por arriba, no se dan cuentan que estoy ahí, tirado. De pronto me levanto y para no caer, tomo el ritmo de los demás, el tiempo se acelera y todo pierde sentido. No veo por donde voy, pierdo el sentido de la orientación y no logro ubicarme en tiempo y espacio.
Me paro en el medio de la multitud, sin importarme nada, me detengo a pensar donde estoy y que hago ahí; luego retomo la marcha pero como antes, despacio sin prisa y pensando correctamente las que hago para no cometer un error. La gente me mira, todos se detienen y cuando me doy cuenta, la gente comienza a desacelerarse y así, se pierde el rito acelerado, todo es calma, pero en un abrir y cerrar de ojos, todo volvió a ser como antes.

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