La luces me enceguecen y los ruidos no me dejan oir mis pensamientos, la cuidad me entorpece y poco a poco voy perdiendo la cordura y el andar. Me tropiezo y la gente me pasa por arriba, no se dan cuentan que estoy ahí, tirado. De pronto me levanto y para no caer, tomo el ritmo de los demás, el tiempo se acelera y todo pierde sentido. No veo por donde voy, pierdo el sentido de la orientación y no logro ubicarme en tiempo y espacio.
Me paro en el medio de la multitud, sin importarme nada, me detengo a pensar donde estoy y que hago ahí; luego retomo la marcha pero como antes, despacio sin prisa y pensando correctamente las que hago para no cometer un error. La gente me mira, todos se detienen y cuando me doy cuenta, la gente comienza a desacelerarse y así, se pierde el rito acelerado, todo es calma, pero en un abrir y cerrar de ojos, todo volvió a ser como antes.
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