viernes, 3 de mayo de 2013

Revisando cosas viejas encontré un cuaderno con escrituras sobre un antiguo desamor, paso a relatarles.
“Tengo un montón de cosas para decir, un montón de cosas que quiero sacar de dentro mío, pero no hallo las palabras para hacerlo. Esto que sigue a continuación es una breve introducción de lo que me viene pasando.
Siempre me atrajeron los problemas, los conflictos… Pero por el simple hecho de tener que resolverlos, tener algo para poner mi mente a trabajar. Pero hay desafíos que llevan más tiempo, desafíos que nos consumen, que nos absorben, que nos obsesionan tanto que queremos resolverlos de cualquier modo. Esta testarudez nos deja tan ciegos que no vemos que estamos muy lejos de solventarlos.
Cómo es posible que una persona que entró hace tan poco a mi vida generé tanto en mí? Qué clase de fuerza sobrehumana ejerces sobre mi persona? Qué clase de fuerza magnética tienen tus labios? Tu magia me absorbe.
No puede ser que todos los días me vaya a la cama y piense en vos. Quisiera que me abraces hasta hacernos uno, que me acaricies la piel, que nos perdamos entre las sábanas y que el mundo se detenga para nosotros, olvidarnos del tiempo y hundirnos en un mar de amor, pasión y dejos de lujuria.
Todas las noches escribo algo pensando en vos, todo lo que imagino de vos durante el día. El cigarrillo se consume, el humo invade la habitación; el tiempo pasa y yo sigo aquí observando las diferentes formas que toma el humo.
Por qué encuentro la perfección en alguien tan desordenado (emocionalmente) como vos?
Espero que algún día puedas quererme tal como yo te quiero.
Hay una cierta magia que me atraviesa cada vez que salgo a la calle, es una suerte de paradoja ya que por un lado me aíslo de todo y por otro me conecto con ese conjunto de cosas que es el afuera.
Habiendo dicho eso paso a ser un breve resumen de los últimos tres días.
Día 1: Abro los ojos, sigo esperando su mensaje, sigo esperando que me dé una señal de que en su mundo no soy solamente una noche de lujuria.
Me enredo en las sábanas buscando una salida; miro por la ventana, trato de encontrarme a mí mismo, no veo ni siquiera mi reflejo. Dónde estoy? Dónde estás? Dónde estamos?
Día 2: Mis ojos apenas se abren luego de la borrachera de anoche. Será que te buscaba en el fondo de casa vaso? Acaso cada trago de alcohol mitigaba el dolor? Abro la ventana y el cielo está nublado, nuevamente ningún rayo de sol logra alcanzarme. El vidrio está empapado, señal de que llovió; llovieron las lagrimas que yo no llore. (No sé porqué no lo hice, quizá por temor, quizá por orgullo, quizá porque no lo valías, quién sabe..)
Otro viaje en colectivo donde no solo mi cuerpo viaja sino que mi mente también. El primero tiene un rumbo fijo, la segunda no.
Día 3: Despierto, lo primero que hago es ver el celular. (Él está vivo para mí pero yo para él no.) Vuelvo a apoyar la cabeza sobre la almohada, rompo en llanto. Junto fuerzas y me levanto para desayunar pero no logro centrarme en un eje y regreso a la cama para quedarme ahí tal vez para siempre, tal vez no.